La venganza de la mosca
La mosca, entrenada en el deleite del desperdicio, acostumbrada como estaba a vivir de los restos de los demás, proletaria y cristiana, compasiva al fin, no pudo dejar de sentir pena por la mano que decía adiós a ese frágil pero permanente orden del que ella era parte y el cual ya no asombraba a Juan.
Él ya no pudo ver cómo la mosca veía convertido en banquete lo que antes era una amenaza. Que qué hacía yo. Veía a detalle y pensaba en cuento por supuesto.
Qué misterio de blog.
ResponderEliminarFelicidades, has logrado algo difícil en estos tiempos de exhibicionismo puro: intrigar a alguien.